En muchas ocasiones, en las jornadas grupales de constelaciones familiares nuestro niño interior se da a mostrar, de repente, el representante del consultante, quien está abriendo su historia para poder ver qué dinámicas ocultas lo acompañan hasta el día de hoy en su vida, empieza a decir cosas como:
“Me siento pequeño… Quiero esconderme debajo de esa mesa… Quiero abrazar por las piernas a mamá…” o se colocan en el piso sentado como niños asustados, con miedo, se sienten solos, abandonados, desamparados… En ese momento, el niño interior está rigiendo al consultante, y es que una parte de ese ser adulto se ha quedado en su niño.
No nos confundamos, no quiere decir que hay un problema con nuestro niño interior, no es así, nuestro niño interior era un niño que con los pocos y escasos recursos que tenía en ese momento, recursos emocionales, de supervivencia, mentales, y con eso “poco” es que nos ayudó a sobrevivir, no hay nada malo con él, el problema reside en que, si no lo trabajamos, no lo vemos y no nos hacemos cargo, muchas de nuestras acciones en nuestra etapa ya adulta van a ser a través de ese niño.
Y les pongo un ejemplo, de niño puedo haber sentido que mamá no estaba disponible para mí porque tenía un trabajo muy demandante y mi niño se sintió abandonado, entonces de adulto, lo que hago es aferrarme a personas y hacer de todo para que las parejas no me abandonen, porque de niño lo viví y no quiero pasar por eso nuevamente, entonces de adulto empiezo a tolerar lo intolerable solo para no revivir esa experiencia traumática.
Lo curioso del caso es que quien realmente está escogiendo a la pareja no es mi ser adulto, porque mi ser adulto sabe que no necesito demostrar que soy suficiente para que las parejas quieran permanecer a mi lado, pero mi ser niño siente que lo tiene que demostrar, entonces viene la interrogante, ¿quién está escogiendo realmente a la pareja en estos casos? ¿Mi niño o mi adulto?
Por esto, y acá voy a dar una mirada mucho más profunda aún, es que las parejas que escogemos se ponen al servicio nuestro para mostrarnos a nosotros en qué lugares tenemos muchas heridas y desde qué lugar nos estamos vinculando; claro que lo hacemos desde un lugar muy inconsciente, pero al fin y al cabo, cuando nos se ponen al servicio y nos hacen cosas “malas” y “nos abandonan” en realidad es una gran lección para nuestro camino evolutivo, porque en el fondo el mensaje es: “te estoy mostrando algo que debes de sanar, si no quieres que esto te siga sucediendo”.
Entonces, acá viene la pregunta del millón,
¿Cómo hago para tomar decisiones desde mi adulto y no desde mi niño?
No puedo darles una receta mágica, no puedo coger una varita y decirte que con un toque todo estará bien, aunque mi niña seguro que sí lo hubiera dicho así; el trabajo de conexión, de sanación y de sostener a tu niño interior es un trabajo diario y que toma su tiempo, y esto es lo bonito también del proceso, que no tiene que ser rápido, y en medio de ese proceso podrás ir sintiendo lo rico y disfrutar de este maravilloso encuentro.
Yo resumiría esto en cuatro pasos:
- Poder mirar primero a tu niño, tener un primer encuentro para que él te reconozca.
- Hacerle un altar y crear un espacio sagrado con él.
- Empezar a hacerte cargo de lo que te corresponde, mamá y papá no van a salvar a ese niño, ahora está en tus manos.
- Hacer cosas y disfrutar de su compañía.
Una vez integrado ya no necesitarás vincularte a través de él.
Una de las cosas que empecé a hacer luego de haber disfrutado de todas estas fases es que empecé a ir al cine con mi niña, reservaba dos asientos en el cine e iba a ver una película de dibujos, y antes de ir, veía una foto mía de pequeña y me decía: “mi niña, ahora tú y yo tenemos una cita”; claro que, para llegar a esto, tuve que pasar por muchos procesos internos antes para que ella también desee ser sostenida y acompañada por mí.
Muchas veces la persona a quien más le tiene miedo nuestro niño interior es a nosotros mismos, porque lo hemos tratado muy mal durante muchos años, claro que sin darnos cuenta.
Te invito a hacer este pequeño ejercicio:
Cierra tus ojos y visualízate a ti en alguna etapa de tu niñez muy difícil para ti, respira, ahora mira a tu niño y dile:
“Mi niño, yo sé lo difícil que fue para ti, te agradezco por sobrevivir, porque gracias a ti estoy yo hoy aquí. Mamá y papá te dieron lo que te pudieron dar, y como ya crecí, todo lo que tú necesites, a partir de ahora yo te lo daré”.
Permite que las emociones se expresen libremente, luego puedes sentarte y hacerle un dibujo. Ves… Ya empezaste a conectar con tu niño, de esto se trata.
Espero que estas palabras hayan resonado en una partecita de ti, toma de ellas lo que te sirva, y lo que no, déjalo conmigo que me pertenece.
Con amor, Nay ♡


