La palabra “espiritualidad” ha sido muy manoseada en los últimos tiempos, con creencias que en lugar de acercarnos a ella nos alejan en lo esencial.
Cada vez escucho más frases como “se te ve una chica espiritual…”, cuando escucho esas frases automáticamente me quedo callada y sonrío, porque sé que me lo están diciendo con amor, pero, por otro lado, si me mando a hablar en ese momento de lo que creo y siento en relación con la espiritualidad, seguro que no vuelvo a ver a la persona nunca más, muchas veces inicio conversaciones tan profundas que creo a las personas les asusta.
Todos somos seres espirituales, incluso ser seres muy terrenales es parte de nuestro camino espiritual, quiero dejar esto como primer y amoroso recordatorio: TODOS SOMOS SERES ESPIRITUALES, sí, ¿incluso el ladrón y el criminal? Sí, también son seres espirituales, y en esta vida lo que han aprendido a aprender en su camino evolutivo y espiritual es el dolor, la violencia, la autodestrucción.
Quizás en algún momento nosotros también lo fuimos en alguna de nuestras vidas, y claro que para poder entender esto debemos ampliar un poco más nuestra mirada; y justamente porque lo fuimos es que nuestra alma aprendió que a través de la crueldad nos herimos, y hoy nuestra alma encarnada en este cuerpo puede hacerlo distinto.
Entonces, sí, todos somos seres espirituales, cada uno en un camino evolutivo distinto, ni mejor ni peor; claro que, si vemos a esta vida como la única válida, y verdadera, entonces lo que estoy diciendo no tiene cabida alguna.
También quisiera hablar de las “etiquetas” que nos alejan de la espiritualidad, en donde se cree que solo personas que practican yoga, rezan mantras, meditan, rezan, le cantan a un Dios, pintan mandalas, hacen tai chi, o que hacen terapias holísticas, son personas más cercanas a la espiritualidad, lo que he aprendido en mi camino es que de pronto hemos empezado a ver la espiritualidad cada vez más lejana a nosotros, colocando a la espiritualidad en un altar lejísimos donde tengo que esforzarme muchísimo para poder pertenecer y que “la espiritualidad” me mire, y yo termino siendo un siempre mortal acá en la Tierra; y siento que esto va mucho de la mano con el error que cometemos muchas veces en idealizar a las personas que se dedican a estas actividades; sí, actividades, porque en lo habitual son eso, actividades que ayudan a tener una vida más amorosa, plena y en paz; y que todos podemos llegar a hacer incorporándolas en nuestras vidas como un hábito.
Una vez alguien me dijo: “pero Nay, es que esas prácticas toman mucho tiempo…”
Meditar durante 3 minutos todos los días es una práctica muy revolucionaria que cambia muchos hábitos, y te toma el mismo tiempo que servirte una taza de café.
No tenemos que llenarnos de prácticas y actividades para acercarnos a nuestro centro, muchas veces estar en silencio por unos minutos es la mejor práctica.
Entonces, mi segunda recomendación sería, incorpora un hábito, ese que te dé calma y paz y te acerque a ti, el que sea, no uno que le sirvió a alguien más, eso con el que tu corazón resuena.
Existe un proverbio Zen, el cual lo diré con mis propias palabras “decir que no podemos meditar porque estamos muy ocupados, es como decir que no tenemos tiempo para echarle gasolina al coche porque está andando”.
Otro último punto que quisiera hablar acerca de este tema es que la espiritualidad no está allá, no soy “más espiritual” porque rezo, porque medito, porque voy a la iglesia, si esos hábitos no van acompañados de amor, compasión, respeto, gratitud.
No es congruente meditar varias horas al día, y no poder mirar con compasión el dolor de una persona, si no puedo agradecerle a mi mamá por la vida, o si me la paso todo el tiempo juzgando a mi padre, u ofendiendo y gritando a alguien porque hizo algo que “estuvo mal y me molestó”.
La verdadera espiritualidad no está allá, está acá, en tu día a día, en cómo nos comunicamos con los otros, en las palabras que salen de nosotros, en la conciencia que tenemos acerca de lo que el otro pueda sentir.
Ahí es donde reside la verdadera espiritualidad, es tu conexión con el otro, y sobre todo y principalmente contigo, en los límites que pones cuando alguien se pasa de la raya, en el amor con el que te hablas, en los ojos con los que te miras; porque según esa conexión que tengas contigo mismo, es el respeto y el amor que le mostrarás a los demás.
Medita, sí, haz yoga, sí, y también, cierra los ojos, mira a tu madre y dile: “gracias mamá por la vida, haré algo lindo con ella”.
Espero que estas palabras hayan resonado en una partecita de ti, toma de ellas lo que te sirva, y lo que no, déjalo conmigo que me pertenece.
Con amor, Nay ♡


