Hay algo que se repite muchísimo en el campo de las constelaciones familiares, y es la facilidad con la que muchas mujeres nos desordenamos en las relaciones de pareja.
Y cuando hablo de desorden, no lo digo desde el juicio, sino desde un lugar muy humano. Porque esto no empieza en la adultez. Esto empieza mucho antes.
Empieza en la infancia.
¿Dónde comienza este desorden en los vínculos amorosos?
He visto muchos caminos distintos que llevan al mismo lugar dentro de los vínculos amorosos.
A veces, fue una niña que tuvo que sostener emocionalmente a su mamá cuando había problemas con el padre.
A veces, fue una niña que creció escuchando frases como: “tú has venido a salvar a tu hermano”, en casos donde el hermano por ejemplo tenía el diagnóstico de alguna enfermedad.
Otras veces, fue una niña que simplemente tuvo que hacerse cargo de un adulto cuando no le correspondía.
Y así, sin darnos cuenta, vamos aprendiendo algo muy profundo: que amar es cargar, sostener, salvar.
Quiero darle lugar también a algo: cada historia es única.
Cada mujer llega a ese lugar por motivos distintos. Yo aquí estoy nombrando lo que más veo en mi acompañamiento, pero nunca es una sola verdad.

La niña interior que no fue vista
También hay algo más. Muchas veces, esa necesidad de salvar afuera tiene que ver con una niña interior que no ha sido vista.
Una parte interna que sigue esperando.
Esperando ser mirada.
Esperando ser sostenida.
Esperando ser elegida.
Esperando que las personas que más ama en este mundo, que son papá y mamá, estén bien, y para eso, ella debe de sacrificarse.
Pero como la energía está puesta en “salvar” al otro —a la pareja, al hombre—, no queda espacio para verla. Y entonces esa niña se queda ahí, en pausa.
Cuando crecemos… pero el rol de madre se queda
Esa niña crece. Se vuelve mujer, pero no deja el rol; no sabe cómo hacerlo, lo ha hecho por tanto tiempo que ya forma parte de ella, de lo que se implantó en su psique.
Y sin darse cuenta, empieza a elegir parejas desde ese mismo lugar.
Hombres a los que hay que sostener.
Hombres a los que hay que acompañar como si fueran hijos.
Aquí aparece claramente el rol de madre en la pareja.
Hombres que, en el fondo, están en cuerpo de adulto, pero siguen siendo niños. Y en el fondo existe un deseo profundo —muchas veces inconsciente— de maternar, de ocupar ese lugar conocido.
El desorden en la pareja y sus consecuencias
Este desorden en la pareja tiene muchas consecuencias. Y algunas son bien concretas.
Por un lado, la mujer empieza a bajar sus estándares, sus necesidades, lo que realmente desea… para que el otro encaje.
Esto muchas veces se relaciona con la dependencia emocional, donde sostengo el vínculo incluso cuando no me nutre.
Por otro lado, el erotismo se ve profundamente afectado, porque hay algo muy simple y muy real: ninguna madre quiere acostarse con su hijo; entonces el deseo se apaga y la conexión que alguna vez hubo, se pierde.
Y no solo eso. En muchas ocasiones esto también se refleja en el mismo deseo inconsciente de no tener hijos con esa pareja… porque, de alguna forma, ya tiene uno. O si los tiene, parte de su energía de maternar se va hacia la pareja, dejando menos disponible para sus propios hijos.

Cuando el hombre también está en su lugar de niño
Acá no es solo la mujer. También hay hombres que están esperando, inconscientemente, una mamá dentro de los vínculos amorosos, no una pareja. Y cuando una mujer deja de maternar… muchas veces la relación se rompe, justamente porque el vínculo estaba sostenido desde ese desorden.
Infidelidad y distanciamiento
Otra de las cosas que también aparece es la infidelidad. Porque un hombre, en lo profundo, no quiere una madre como pareja.
Y entonces empieza a buscar afuera lo que no encuentra en la relación: una mujer. No una mamá. Y ahí muchas personas llegan a consulta con el deseo de sanar relaciones, sin darse cuenta del lugar desde donde estaban vinculándose.
Volver al orden
En constelaciones familiares hay una frase que se dice mucho, y que aunque suene simple, es profundamente poderosa:
“Yo te devuelvo a tu madre, y yo me coloco como tu pareja.”
Devolverle al otro lo que no nos corresponde cargar y ocupar nuestro lugar.

Una nueva mirada para transformar nuestros vínculos de pareja
Esto no es para culparnos; porque en alguna parte de nuestra historia aprendimos esto para hacernos cargo de aquello que los grandes no podían hacerse cargo y que era su responsabilidad. La buena noticia es que ya no eres más esa niña.
Porque uando entendemos desde dónde hacemos lo que hacemos… aparece la posibilidad de hacerlo diferente, de elegir distinto.
De dejar de maternar… y empezar a habitar nuestras relaciones de pareja desde otro lugar.
Si sientes que estás en un vínculo de pareja donde maternas al hombre, una Constelación Familiar podría ayudarte a romper ese patrón y ver tu rol con mayor conciencia.
Espero que estas palabras hayan resonado en una partecita de ti, toma de ellas lo que te sirva, y lo que no, déjalo conmigo que me pertenece ♡
Con amor, Nay


