Hay algo que veo mucho en el trabajo terapéutico, y especialmente en los hijos hombres: terminan pagando las cuentas emocionales de lo que pasó entre mamá y papá; y sin darse cuenta, cargan con algo que no les corresponde.
Y no es porque alguien se los diga directamente…es más bien un permiso que no tienen. Un mandanto inconsciente: «no puedes acercarte a tu padre». Y esto impacta directamente en la relación con el padre, incluso cuando el hijo ya es adulto; y los hijos lo hacen…por amor a la madre; pero ese amor los debilita.
El mandato silencioso: “tú padre no es bueno para ti”
En muchos casos, cuando la madre ha tenido una historia difícil con el padre —conflictos, abandono, violencia o mucho dolor—, eso deja una huella. Y esa huella, aunque no se diga con palabras, se transmite al hijo.
Entonces el hijo empieza a cargar con ideas como:
- “los hombres son malos”
- “parecerme a mi papá es peligroso”
- “no debo acercarme a él”
Esto forma parte de lo que en constelaciones familiares vemos como lealtades invisibles dentro del sistema familiar. A veces esto es más evidente: cuando se rechaza al padre abiertamente o incluso cuando se le quita el permiso a tener su apellido, con frases como: «tú no eres un López…»
Y otras veces es mucho más sutil, es un movimiento interno. El hijo, por amor a la madre, siente que tiene que elegir: elijo amar a papá o elijo amar a mamá.
Y en muchas ocaciones, sobre todo cuando ha habido violencia o infidelidad a la madre, entonces el hijo, lige amar a mamá.
No porque quiera rechazar al padre, sino porque ama a su madre.

Pero en ese movimiento, algo profundo ocurre: se separa del padre… y empieza a verlo, muchas veces, como un rival.
Este tipo de conflictos entre padres e hijos no siempre son visibles, pero sí tienen impacto en la vida adulta. Y ahí es donde comienza una desconexión que tiene consecuencias importantes en su vida.
Caminar con una sola fuerza: la energía materna
Hay una imagen que lo explica muy claro:
La fuerza de la madre es como una pierna, la pierna izquierda. La fuerza del padre es la otra, la pierna derecha. Y para avanzar en la vida, necesitamos ambas.
Cuando un hijo camina solo con la energía de su madre, va cojeando por la vida.
Y esto después se refleja en cosas concretas:
- dificultad para sostener proyectos
- falta de dirección o impulso
- problemas con la autoridad o con otros hombres
- una energía masculina en hombres debilitada
Y esto se intensifica aún más cuando el entorno de crianza fue mayoritariamente femenino: madre, abuela, hermanas.
No es un problema de las mujeres. Es simplemente que falta una parte.
Acercarse al padre… desde un lugar seguro
Cuando hablo de acercarse al padre, no me refiero necesariamente a ir a buscarlo. Hay casos donde eso no es posible o incluso no es seguro.
El movimiento importante no siempre es externo. Es interno.
Es poder decir, dentro de uno:
“Papá, hayas hecho lo que hayas hecho, tú eres mi padre y yo soy tu hijo.
Lo que pasó entre mamá y tú no es asunto mío.
Yo soy tan solo…el hijo.”
Este tipo de trabajo está muy presente en procesos de sanación del linaje paterno y en la herida paterna. Ese lugar ordena profundamente.
El rol de la madre: dar permiso
Y hay algo muy sanador que puede venir desde la madre;
Decirle al hijo, explícita o simbólicamente:
“Yo te doy permiso y mi bendición para que te acerques a tu padre.”
Porque muchas veces, sin darse cuenta, el dolor que la madre vivió con el padre bloquea ese vínculo; y no es desde la mala intención, es desde la herida. Pero ese bloqueo le quita al hijo una parte fundamental de su fuerza para la vida.
El derecho a amar a ambos por igual
El hijo no tiene que elegir; tiene derecho a amar a su madre… y también a su padre. Tiene derecho a tomar la vida de ambos; y también a hacer algo distinto con su vida; no mejor, no peor…distinto.
Cuando un hijo puede reconciliarse con su padre —aunque sea en su interior—, algo cambia: se reconecta con su linaje paterno; con la fuerza de sus hombres. Y desde ahí, puede avanzar con más estabilidad, más dirección y más fuerza.
Ya no va cojeando.
Va completo.

Muchas veces, trabajar la relación con el padre no significa justificar lo que pasó, sino recuperar la fuerza que te corresponde.
En procesos como las constelaciones familiares o espacios terapéuticos individuales, es posible mirar esta historia con más claridad y hacer un movimiento interno diferente.
Porque al final, no se trata solo del pasado; se trata de cuánta fuerza tienes hoy para ir hacia tu vida.
Si algo de esto resonó contigo y deseas poder caminar hacia tu vida con ambas fuerzas, una sesión de constelaciones familiares sería una nueva oportunidad para ti.
Espero que estas palabras hayan resonado en una partecita de ti, toma de ellas lo que te sirva, y lo que no, déjalo conmigo que me pertenece ♡
Con amor, Nay



